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INTRODUCCIÓN
Las lesiones musculares son muy frecuentes en el mundo
del deporte, especialmente en el fútbol. Los estudios epidemiológicos más recientes muestran que las lesiones musculares suponen más del 30% de todas las lesiones (1,8-2,2/1.000 h de
exposición), lo que representa que un equipo profesional de
fútbol padece una mediana de 12 lesiones musculares por temporada que equivalen a más de 300 días de baja deportiva1-4.
En otros deportes profesionales, como el baloncesto y el balonmano, la incidencia también es alta, aunque no llega a los valores obtenidos en el fútbol.
A pesar de su alta frecuencia y del interés por buscar soluciones, existe poca evidencia científica en aspectos tan importantes como son la prevención y el tratamiento. Algunos puntos débiles los resaltamos a continuación:
• El diagnóstico de las lesiones musculares se basa en la clínica,
fundamentalmente en la sintomatología y especialmente en
la anamnesis del mecanismo lesional, y en la exploración física. Los estudios de imagen mediante la ecografía musculoesquelética y la resonancia magnética (RM) son complementarios, a pesar de que cada vez pueden ser más útiles a la hora
de confirmar un diagnóstico y sobre todo emitir un pronóstico5-7. No se dispone de un marcador bioquímico lo bastante específico que ayude al diagnóstico de gravedad y al pronóstico definitivo de cada una de las diferentes lesiones
musculares8,9.
• La pauta de tratamiento de las lesiones musculares no sigue
un modelo único, a pesar de que no se han modificado mucho las diferentes alternativas10-12. Últimamente, se han abierto nuevas expectativas gracias a la investigación en el ámbito
de la reparación y de la regeneración biológica13-15.
• Determinados programas de prevención primaria y secundaria pueden disminuir la incidencia de padecer lesiones musculares, pero la evidencia científica aún es limitada y
sólo se ha podido comprobar en determinados grupos de
deportistas16-20.
El objetivo de este documento es protocolizar las actitudes
diagnósticas, terapéuticas y preventivas que se deben tomar
ante las diferentes lesiones musculares que padecen los deportistas del FC Barcelona. No pretende ser una revisión exhaustiva de la patología muscular en el deporte sino un documento
de trabajo claro, práctico y completo. Los protocolos se basan
en el conocimiento actual y en la experiencia de los últimos
años en el trabajo diario con este tipo de lesiones.
CLASIFICACIÓN DE
LAS LESIONES MUSCULARES
Las lesiones musculares se clasifican, según el mecanismo
lesional, de forma clásica en extrínsecas (o directas) o intrínsecas (o indirectas).
• Las lesiones extrínsecas, por contusión con el oponente o con
un objeto, se clasifican según la gravedad en leves o benignas
(grado I), moderadas (grado II) o graves (grado III). Pueden
coexistir con laceración o no.
• Las lesiones intrínsecas, por estiramiento, se producen por la
aplicación de una fuerza tensional superior a la resistencia del
tejido, cuando éste está en contracción activa (contracción
excéntrica). La fuerza y la velocidad con que se aplica la tensión son variables que modifican las propiedades viscoelásticas del tejido, cambiando la susceptibilidad a la rotura. También pueden influir la fatiga local y la temperatura tisular. El
jugador nota un dolor repentino, en forma de tirón o de pinchazo, y se relaciona normalmente con un sprint, un cambio
de ritmo o un chut. La clasificación de las lesiones intrínsecas
es más compleja.
Siguiendo los conceptos más actuales proponemos las siguientes tablas de clasificación de las lesiones musculares (tablas I y II) según diferentes criterios21,22.


Respecto al pronóstico, los días de baja son orientativos,
varían en función del músculo lesionado, de su topografía y de
la demanda que posteriormente se haga.
Tanto la ecografía musculoesquelética como la RM permiten obtener información exacta de la lesión muscular en relación con el tejido conectivo afectado. Si bien casi la totalidad
de las lesiones se asientan sobre la unión mioconectiva, según
el tipo de afectación miotendinosa o interaponeurótica, así
como la extensión topográfica de cada tipo de lesión, el pronóstico puede variar y, por tanto, se deberá tener en cuenta para
dar el alta deportiva para la vuelta a la competición. En este
sentido varios estudios empiezan a dar evidencia clara de esta
cuestión, y lo que parece claro es que cuando más afectado esté el componente conectivo y el área de la lesión, peor será el
pronóstico5-7.
Una buena historia clínica y exploración física, conjuntamente con las clasificaciones propuestas anteriormente, tienen
que permitir llegar a un diagnóstico. Con el fin de poder clarificar mejor proponemos seguir la pauta siguiente para etiquetar
cada una de las lesiones musculares: primero damos el nombre del tipo de lesión muscular según criterios clínico-anatomopatológicos; después el primer apellido, que expresa la localización
concreta donde se asienta la lesión y, concretamente, si tiene o
no relación con el componente conectivo, y finalmente, el segundo apellido, que detalla el grupo muscular afectado en concreto.
• Nombre: Rotura muscular grado II
• Primer apellido: de la unión musculotendinosa proximal
• Segundo apellido: del bíceps femoral
ESTUDIOS
EPIDEMIOLÓGICOS
Durante un período de cuatro temporadas (2003-2007)
hemos estudiado la incidencia lesional del primer equipo de
fútbol mediante la metodología que diferentes grupos de expertos internacionales han consensuado y que el comité médico de la UEFA controla y tutela para los diferentes equipos que
juegan la Champions League23,24. Es un estudio prospectivo que controla todas les lesiones que se producen y las horas de
entrenamiento y de competición para conocer el riesgo de padecer los diferentes tipos de lesiones.
El cálculo del riesgo lesional se hace mediante la fórmula
siguiente:
Número de lesiones/Horas de exposición al entrenamiento
y/o competición por 1.000 h
Hoy se considera el patrón universal que permite comparar
equipos, clubs, deportes, etc.
El riesgo de padecer cualquier lesión en el fútbol profesional es de 6 a 9 lesiones por 1.000 h de exposición, lo que explica que este riesgo laboral representaría, en una empresa de 25 trabajadores, que cada mes hubiera 9 trabajadores de baja
laboral. El riesgo de lesionarse durante la competición es de 4
a 6 veces más frecuente que durante los entrenamientos1,2.
En la tabla III se presenta la descripción de diferentes parámetros sobre incidencia lesional, respecto a las lesiones musculares del primer equipo de fútbol del FC Barcelona durante
cuatro temporadas. Son datos revisados por el comité médico
de la UEFA y que se publican por primera vez en este documento.

Según las referencias de la literatura, se calcula que un equipo profesional de 25 jugadores padecerá una mediana de 40-45 lesiones por temporada, de las cuales entre 16 y 20 serán
poco importantes (tiempos de baja de menos de una semana);
entre 16 y 20 serán moderadas (entre 1 y 4 semanas), y entre
8 y 10 serán graves (más de un mes de baja). En las lesiones
musculares, que suponen el 30-40% de todas las lesiones, el
riesgo lesional es de casi 2 por 1.000 h de exposición, y cada
equipo puede padecer entre 10 y 14 lesiones musculares por
temporada.
En las tablas IV y V presentamos los datos sobre la incidencia lesional general del estudio que la UEFA ha realizado con la mayoría de los equipos de la Champions League durante un
período de cuatro temporadas (2003-2006). Como puede verse, la lesión más frecuente es la muscular y, más concretamente,
las lesiones de los músculos isquiosurales, entre los que el músculo bíceps femoral es el más afectado.


Estos datos son importantes porque definen muy bien cuáles son las principales lesiones que se dan en el fútbol profesional y, por tanto, hacia dónde se deben dirigir los esfuerzos para
planificar estrategias preventivas. Lo que es mensurable es más
susceptible de mejora. La recogida de estos y de próximos datos
nos ofrecerá los resultados de las medidas preventivas adoptadas en la reducción del número de las lesiones.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico de las lesiones musculares es principalmente
clínico, es decir, basado en la historia clínica y en la exploración
física.
En la anamnesis (tabla VI) es necesario:

•
Recoger los antecedentes locales y generales. ¿Lesiones similares
padecidas anteriormente? ¿Se conoce una susceptibilidad a
padecer lesiones? ¿Qué antecedentes farmacológicos tiene?...
• Describir el momento lesional. ¿Cuál ha sido el mecanismo?
¿Durante qué carga de trabajo, entrenamiento o competición? ¿Ha sido en el inicio, a media sesión o al final de ésta?
• Recoger la evolución inmediata. ¿Ha podido seguir la sesión de
trabajo o ha tenido que abandonar? ¿Como evoluciona el dolor?
En la exploración física (tabla VII) se tiene que hacer:

•
Inspección. ¿Presenta equimosis o deformidades del perfil de
las masas musculares?
• Palpación. Buscar puntos dolorosos o espasmos de la musculatura.
• Solicitar la contracción activa del músculo afectado, primero
con el músculo con estiramiento, más sensible en lesiones leves, y
después contra resistencia manual. ¿Es posible? ¿Es dolorosa?
¿En qué tipo de contracción (concéntrica, isométrica o excéntrica)?
• Valorar la flexibilidad analítica del músculo. Si existe o no
dolor al estiramiento pasivo.
Ya hemos dicho que las pruebas complementarias como la
ecografía musculoesquelética y la RM facilitan mucho la tarea de conocer lo más pronto posible el grado de lesión y, sobre
todo, el pronóstico de los días de baja. La RM tiene mucha
sensibilidad y es precisa al identificar la estructura afectada; por
otra parte, la ecografía musculoesquelética es un estudio dinámico que complementa la exploración clínica, permite los seguimientos evolutivos, la evacuación guiada de cavidades y se
complementa con la ecopalpación dolorosa de un músculo determinado, ya identificado en la ecografía; es de gran ayuda de
cara al diagnóstico topográfico.
En la tabla VIII se expone de forma cronológica qué momento es el más adecuado para realizar las diferentes pruebas
complementarias, que serán más o menos extensas en función
del criterio del médico y de la disponibilidad de recursos.

¿Qué fases seguimos una vez se haya producido una lesión
muscular?
• Inmediatamente. Una vez producida la lesión, mediante una
encuesta dirigida al jugador (¿qué has notado?, ¿cuándo?,
¿cómo?, ¿dónde?, ¿qué has hecho?) y con una exploración física
estructurada (inspección, palpación, qué movimientos producen dolor, pasivos y activos) podremos hacer una primera
orientación diagnóstica. Cuando la lesión no es una rotura
importante el diagnóstico precoz no es fácil. Es importante y
necesario saber y esperar unas horas para ver su evolución, así como realizar las pruebas complementarias adecuadas.
• A las 12 h. El estudio ecográfico en esta fase inicial no permite tampoco hacer un diagnóstico de certeza en lesiones
musculares leves, pero sí a partir de lesiones de grado II. Sólo
personal muy especializado y entrenado en el estudio ecográfico es capaz de efectuar un diagnóstico de certeza del grado
de lesión. Así pues, a las 12 h tan sólo podríamos hacer un
diagnóstico de certeza en las lesiones de grado II o superior.
•
Si la lesión es muy leve y no tenemos claro si es de grado 0 o I,
la determinación en suero de la proteína miosina nos permite
hacer un diagnóstico precoz de lesión grado I. Esta proteína
contráctil intramuscular tiene un peso molecular muy grande y
no tiene por qué estar presente en la sangre. Su presencia determina lesión fibrilar clara. Para estudios de cinética parece ser que
entre las 12 y las 24 h es el momento más óptimo para determinarla. No es una prueba que pueda pedirse rutinariamente y su
evidencia se basa en la experiencia de este grupo de trabajo que
recientemente ha publicado un primer estudio que creemos
puede ser de gran interés, y en el futuro abre una nueva herramienta para caracterizar mejor las lesiones musculares25.
• A las 24 h. Es el momento más consensuado por especialistas
en RM para establecer un diagnóstico y un pronóstico muy
adecuados. Como siempre, se requiere también que el personal que interprete la RM tenga una amplia experiencia en este
tipo de lesiones. Actualmente, sobre todo en las lesiones de
los músculos isquiotibiales, y concretamente la lesión de la
unión musculotendinosa proximal del músculo bíceps femoral, se ha postulado que la longitud total de la lesión, la relación entre la tuberosidad isquiática y el inicio proximal de la
lesión, y el área total afectada, son factores pronósticos del
tiempo necesario para la vuelta a la competición y del riesgo
de relesión7,26.
• A las 48 h. Es el momento óptimo para establecer un diagnóstico y un pronóstico más adecuados con el estudio ecográfico.
Últimamente se ha propuesto una técnica de evaluación del
"tono muscular" denominada tensiomiografía27. Si bien hasta ahora hay poca evidencia científica de esta metodología, quizás
en un futuro será interesante para monitorizar la recuperación
funcional del músculo y ser un complemento para el control
evolutivo de la lesión muscular conjuntamente con la ecografía
musculoesquelética.
TRATAMIENTO
El principio básico al que más autores dan soporte es que
las lesiones musculares tienen que tener una movilización y
funcionalidad precoz, sobre todo a partir del tercer día, ya que
se ha comprobado que de esta forma:
• Aumenta más rápidamente la vascularización del tejido muscular comprometido.
• Aumenta la regeneración de las fibras musculares.
• Mejora la fase final reparativa, evitando cicatrices fibrosas.
• Se recuperan más rápidamente las características viscoelásticas
y contráctiles del músculo, en definitiva, la funcionalidad
global del músculo28-31.
Tan sólo respecto de la primera fase del tratamiento de las
lesiones musculares, entre el primer y el quinto día de la lesión,
hay un consenso internacional gracias a los pocos ensayos clínicos que han podido demostrar un cierto grado de evidencia
científica10-15. Después hay una gran disparidad de criterios y
de propuestas según diferentes autores y escuelas.
En esta guía daremos cuenta del tratamiento inmediato estándar de las lesiones musculares. Seguidamente, explicaremos
qué otras alternativas se han propuesto y, finalmente, presentaremos los protocolos específicos para distintas lesiones musculares que estamos llevando a cabo en el FC Barcelona, basados
en la experiencia de nuestros profesionales y en la experiencia
de diversos autores.
Primera fase: el tratamiento inmediato poslesión
Consiste en el denominado RICE, que en inglés significa:
Rest: reposo deportivo
Ice: hielo
Compression: compresión
Elevation: elevación
Es el tratamiento más consensuado durante los primeros
tres días32-34. La inmovilización en la primera fase puede prevenir futuras retracciones de la rotura y hacer más pequeño el hematoma. Se ha demostrado que también el uso de la crioterapia hace significativamente más pequeño el hematoma, disminuye la inflamación y acelera la reparación. La compresión,
aunque disminuye el flujo sanguíneo intramuscular, parece que
tiene un efecto antiinflamatorio muy potente. Lo más interesante es que hay que combinar la compresión y la crioterapia
repitiendo intervalos de 15 a 20 min de duración cada 3 o 4 h
aproximadamente. En este punto hay que matizar:
• Que este tiempo puede ser superior dependiendo de la masa
muscular del músculo implicado; por ejemplo, un músculo cuádriceps de un adulto puede requerir hasta 30 a 40 min.
• Que en lesiones musculares por contusión directa ("bocadillo") el gel
lo pondremos en posición "de estiramiento soportable".
• Que hay que tener mucho cuidado con la aplicación de la
crioterapia, con respecto a los intervalos propuestos, y controlar la susceptibilidad individual, para evitar lesiones cutáneas.
Segunda fase: del tercer al quinto día
•
Activación muscular. Es muy importante la movilización
precoz y progresiva. Si la primera fase se ha pasado correctamente y sin complicaciones, hay que empezar a hacer los ejercicios siguientes gradualmente, teniendo en cuenta el grado
de tolerancia al dolor:
- Ejercicios isométricos. De forma progresiva y teniendo en
cuenta que tienen que ser de intensidad máxima hasta llegar
a la aparición de dolor. El dolor que buscamos es la molestia
soportable y se considera óptima entre un 5-10% de la escala visual analógica (EVA). También será importante usar progresivamente diferentes amplitudes y realizarlos en diferentes
posiciones y ángulos. El protocolo que proponemos con esta
guía es realizar los ejercicios isométricos en 3 amplitudes diferentes y con una pauta de tiempo que se puede empezar
con 6 s de contracción y 2 s de relajación.
•
Trabajo complementario. En esta fase hay que tener muy en
cuenta varias cosas:
- Trabajo sobre la estabilización y movilización de la cintura lumbopelviana. Es el que cada vez más se define como programas
de ejercicios dirigidos a mejorar el core estability con tal de
mejorar y prevenir las lesiones musculares del aparato locomotor35-37.
- Terapia física. Este apartado ha sido siempre motivo de controversia. Se utiliza en todo el mundo pero en cambio no hay
-o hay muy poca- evidencia científica. La terapia física más
utilizada es:
a) Electroterapia de efecto analgésico y descontracturante para
favorecer la refuncionalización muscular.
b) Temperatura: ultrasonido (se aconseja hacerlo con estiramiento sin pasar el punto de dolor), hipertermia (hay que
tener en cuenta la profundidad de la lesión y por lo tanto es
muy importante el estudio ecográfico previo) o diatermia.
Actualmente la terapia física que estamos aconsejando y proponiendo es la diatermia, y en la próxima versión esperamos
tener un protocolo que haya demostrado su evidencia científica y clínica.
- Estiramientos. El estiramiento del músculo en esta fase tiene
que ser sin dolor, siguiendo la premisa de molestia soportable.
Aconsejamos iniciar con pautas de 12 s de estiramiento y 12 s
de reposo. El estiramiento de menos riesgo y aconsejable es el
estiramiento activo por el método de la contracción activa de
los músculos antagonistas en rotación axial, para estirar el
músculo lesionado y mejorarle las condiciones viscoelásticas y
disminuir el riesgo de padecer cicatrices fibrosas y re-lesiones.
- Mantenimiento cardiovascular. Es otro aspecto importante
para mejorar la recuperación muscular, e implica:
a) Seguir trabajando sobre la estructura no lesionada. Se pueden utilizar diferentes tipos de ejercicios ya sea con piscina,
bicicleta estática, según lo permita el músculo lesionado.
b) Respecto a la estructura propiamente lesionada, siempre que
respetemos el principio de llegar al dolor o molestia tolerable, se puede permitir caminar a partir del tercer día durante 30 min e ir aumentando 10 min diarios hasta que pueda
incorporarse a la carrera en la siguiente fase.
Aquí queremos hacer un comentario respecto a que últimamente está de moda la utilización del kinesiotape (vendaje neuromuscular) con la idea de disminuir la tensión muscular por su
efecto sobre las fascias y tener un efecto analgésico. Esta técnica
necesita estudios rigurosos que puedan comprobar su efectividad.
A partir del cuarto-quinto día hay que volver a hacer una
valoración clínica y radiológica (ecografía musculoesquelética)
para evaluar el defecto muscular y si hay o no un hematoma
intramuscular, que normalmente es el tiempo que tarda en organizarse. La presencia de un hematoma puede hacer recomendable realizar una punción de aspiración mediante control ecográfico, mantener dos días la compresión y empezar de nuevo
el protocolo de la fase 2.
A partir del séptimo día aproximadamente, como hemos
explicado, no encontramos un tratamiento estándar consensuado y cada grupo o autor va incorporando progresivamente
más intensidad y complexidad a los ejercicios tanto de incremento de la carrera continua y los de estiramientos, como de
fortalecimiento muscular (isométrico, concéntrico y excéntrico). Nosotros proponemos en esta guía que a partir de que el
deportista pueda caminar 1 h con "molestia soportable" ya
puede pasar a realizar un trabajo de carrera continua; inicialmente se aconseja un ritmo submáximo a 8-10 km/h, que es
justo la fase superior a caminar rápido. El "dolor" volverá a ser
el marcador que utilizaremos para ir pasando de fase.
En el próximo capítulo de esta guía detallaremos los diferentes programas de recuperación de determinadas lesiones musculares desde el primer día hasta a la vuelta a la competición.
OTROS
TRATAMIENTOS
Medicación
En el instante en que se produce una lesión muscular se
pone en marcha una secuencia de fases que consisten en la
degeneración, la inflamación, la regeneración miofibrilar y, por
último, la formación de tejido fibroso15,34.
La utilización de analgésicos o antiinflamatorios durante las
primeras horas ha sido tema de debate, ya que su uso iría a
favor de disminuir la fase inflamatoria, cuando parece ser que
gracias a las reacciones que se producen en ella se desencadenarían todos los mecanismos posteriores de la fase regenerativa.
No hay estudios de control que valoren claramente la relación
beneficio-riesgo del uso de los antiinflamatorios no esteroideos
(AINE) ni de los glucocorticosteroides, pero en cualquier caso,
parece ser que el uso de AINE durante les primeras 48-72 h no
es perjudicial y no interfiere en la fase de regeneración si su uso
no es continuado38,39. Igualmente, debe recordarse que algunos
autores aseguran que el uso indiscriminado de analgesia en las
primeras fases de las lesiones musculares puede tener un efecto
enmascarador del dolor que dificulta el diagnóstico y puede
favorecer la recaída40,41.
Por otra parte, el uso de medicamentos antifibróticos, como
el interferón gama, la suramina y el decorín, aún en fase de
experimentación clínica, puede ser en un futuro un buen tratamiento complementario en el tratamiento de la lesión muscular42,43. Por último, un diurético, el losartán, también ha demostrado tener propiedades antifibróticas44.
La hiperoxigenación del tejido lesionado por medio de instrumentos que facilitan la difusión del oxígeno como la hiperbárica está en proceso de investigación. Parece ser que es eficaz
pero de difícil aplicación real45.
Infiltraciones y uso de PRP
Determinadas escuelas han utilizado infiltraciones sobre el
foco de la lesión con diferentes productos, como corticosteroides y la combinación de productos homeopáticos (Traumeel®)
u otros de procedencia dudosa (Actovegin®)46-49. En los últimos
años, además, se ha popularizado en España el uso del plasma
rico en plaquetas (PRP), también denominado "factores de crecimiento". Parece interesante que si en cada fase de la reparación muscular (primera, de destrucción y inflamatoria; segunda, de reparación y regeneración, y tercera, de remodelación
final) fuéramos capaces de añadir el factor de crecimiento más
adecuado podríamos obtener los mejores resultados.
Es un tema de debate clínico y científico de gran actualidad50. Faltan ensayos clínicos rigurosos que demuestren que con
este tipo de tratamiento se mejora el tiempo de recuperación de
la lesión muscular y disminuye el riesgo de recaída. Por la falta
de estos estudios, en el servicio médico del FC Barcelona se ha
consensuado que la indicación de infiltración de PRP se hará cuando se cumpla el criterio 1 junto con el criterio 2 o 3.
1. Deportistas mayores de 18 años que padecen la lesión en un
músculo de alta solicitación por el deporte que se practica.
2. Lesiones cavitarias recurrentes intramusculares o miofasciales como son la rotura miotendinosa distal del músculo recto anterior o la del músculo gemelo interno (la denominada tennis leg).
3. Lesiones de evolución compleja y crónica.
En este sentido, hoy podemos utilizar los PRP gracias al
ensayo clínico [Proyecto de investigación FIS, concedido por el
Instituto de Salud Carlos III del Ministerio de Ciencia e Innovación] que llevamos a cabo en las lesiones musculares que
afectan a la musculatura de la pierna (tríceps-bíceps sural) denominadas tennis-leg.
Tratamiento quirúrgico
Las lesiones musculares tienen que ser tratadas de manera
conservadora, pero hay unas indicaciones quirúrgicas generales
muy consensuadas10,34.
• Lesión muscular de grado III, rotura total.
• Lesión muscular con desinserción tendinosa parcial (>50%)
o total.
• Lesión muscular de grado II, con afectación de más del 50%
del vientre muscular.
• Cuando hay un hematoma intramuscular muy grande que no
responde a la punción de aspiración repetitiva.
Igualmente, hay que tener en cuenta diferentes especificidades, y así puede estar indicada la opción quirúrgica en el caso
de re-lesiones musculares recurrentes que forman importantes
cicatrices fibrosas y que generan adherencias con afectación
neural. Por otra parte, en cambio, en algunos tipos de músculo,
como es el músculo aductor largo, en una lesión grado II-III
puede no ser necesario el tratamiento quirúrgico, ya que se ha
visto que con el tratamiento conservador evolucionan favorablemente.
No es el motivo de esta guía, pero hay que recordar que
después de este tipo de cirugía hace falta una rehabilitación
muy cuidada, programada y larga. Se estima que la vuelta a la
práctica deportiva puede tardar, en función del músculo, desde
algunos meses hasta a un año.
PROTOCOLOS DE
RECUPERACIÓN ESPECÍFICOS DE LAS LESIONES MUSCULARES
En este apartado exponemos de manera exhaustiva los diferentes protocolos que aconsejamos para las lesiones musculares
más frecuentes en nuestro entorno.
Protocolo 1. Lesión grado I de la UMT del músculo
bíceps femoral porción proximal (tabla IX)

Es la lesión que afecta el tendón común de los músculos
isquiotibiales, también denominada en nuestro medio "cremallera alta". Se trata de una lesión compleja que se produce en el
músculo bíceps femoral y en relación estrecha con el músculo
semitendinoso y que tiene un peor pronóstico, como hemos
comentado anteriormente, cuanto más larga sea la lesión, cuanta más área ocupe y cuanto más cerca esté de la tuberosidad
isquiática6,7,26. En esta lesión la regla "tantos centímetros de largo, tantas semanas de baja" tiene evidencia empírica y, como
hemos comentado, cierta evidencia científica. Así pues, en el
protocolo 1 proponemos una lesión tipo de grado 1 que puede
ser una lesión de 1 a 2 cm de largo del músculo bíceps femoral,
y en el próximo protocolo veremos el protocolo a seguir con
una lesión mucho más extensa.
En ambos casos ha de hacerse un control evolutivo de la clínica y mediante ecografía para ir pasando fase y no dar el alta médica precozmente, ya que es una lesión que recidiva con facilidad.
Protocolo 2. Lesión grado II de la UMT del músculo
bíceps femoral porción proximal (tabla X)


El protocolo cuando la lesión es de segundo grado, con un
pronóstico de recuperación de unas 6-8 semanas aproximadamente. El protocolo que proponemos es muy parecido al propuesto por varios autores10-12.
Comentario
El ejercicio isométrico lo realizamos a partir del tercer día,
y el número de series, el tiempo de contracción y el trabajo al
menos con tres amplitudes son de referencia, ya que se hará
según el dolor. Este trabajo isométrico y los estiramientos activos ayudarán a reducir el edema, a que la lesión cicatrice correctamente y a que mejore la funcionalidad y la capacidad
viscoelástica del músculo. En lesiones de musculatura isquiotibial daremos más importancia al trabajo de refuerzo excéntrico
dada su etiología. Algún autor10 propone a las 4 semanas realizar un estudio analítico de la fuerza y/o potencia muscular para
objetivar posibles déficits de fuerza. Por último, se tiene que
plantear un trabajo individualizado para cada tipo de jugador
en la última fase según sus características.
Protocolo 3. Lesión grado II de la UMT del músculo
bíceps femoral distal (tabla XI)


El protocolo de recuperación es muy parecido al protocolo 2. Esta lesión es lo que se denomina en nuestro medio "cremallera distal", con un pronóstico de recuperación de unas 4-6
semanas aproximadamente.
Comentario
En general el pronóstico de este tipo de lesión es mejor que
la del tercio proximal. Muchas veces queda afectado tanto el
músculo bíceps femoral porción larga y corta haciendo efecto
de "cremallera", como hemos comentado anteriormente. A veces puede quedar un hematoma miofacial residual que no tiene
que alterar su vuelta a la competición, siempre y cuando su
funcionalidad sea completa.
Por el efecto de la doble inervación de las dos cabezas del
bíceps femoral, es interesante tener en cuenta que hay que trabajar con rotación interna e externa de la pierna para activar
selectivamente las dos cabezas.
Protocolo 4. Lesión grado II de la UMT del músculo
aductor medio (tabla XII)


Es importante diferenciar este tipo de lesión de la lesión de
la unión tendoperióstica, de características crónicas. Es una lesión aguda que genera una impotencia funcional inmediata, que normalmente crea un hematoma rápido. Ecográficamente, se ve
un defecto laminar por debajo de la expansión aponeurótica del
músculo aductor medio. Tiene una buena evolución, pero si la
lesión es amplia, de más de 3 cm, en el jugador de fútbol hay
que esperar una recuperación de entre 4 y 6 semanas.
Comentario
En este tipo de lesión será muy importante hacer una correcta valoración de la estabilidad lumbopélvica por la relación
tan frecuente con problemas de pubis y, más concretamente,
con la osteopatía dinámica de pubis (ODP). Por eso hay que
valorar ecográficamente o mediante RM la sínfisis pubiana, ya
que si ésta está afectada, puede retardar la vuelta a los entrenamientos con normalidad. No es infrecuente encontrar jugadores que después de padecer una lesión de este tipo inicien una
pubalgia que probablemente sea consecuencia de que al dejar
de entrenar se desestabiliza la sínfisis y todo el anillo lumbopelviano, por tanto será muy importante estar atentos a este
hecho. Por eso será muy importante incidir con los estiramientos activos y evitar una excesiva potenciación del músculo
aductor medio que provocaría un desequilibrio a nivel de la
sínfisis púbica con el consecuente riesgo de padecer una ODP.
Por otra parte, hay que recordar que este músculo permite
hacer muchos ejercicios sin molestias pero que en cambio, como interviene de forma activa en jugadas muy específicas del
fútbol como el chut, cambios de dirección, etc., hará que se
alargue la fase de readaptación funcional al gesto deportivo antes de permitir la vuelta a la competición.
Protocolo 5. Lesión grado I miofacial del músculo
sóleo (tabla XIII)

En este tipo de lesión es típico el pequeño pinchazo bajo la
pantorrilla, pero el jugador normalmente puede continuar haciendo un trabajo submáximo, lo que retarda a veces el diagnóstico definitivo. Es importante realizar el diagnóstico diferencial con todas las lesiones llamadas tennis leg. El diagnóstico
hay que confirmarlo mediante RM más que por ecografía.
Comentario
En este tipo de lesión, y desde el punto de vista de la fisioterapia, entendemos que es muy importante hacer un trabajo
progresivo, amplio y largo de los ejercicios isométricos. Hay
que asegurar una buena reparación tisular y una absoluta ausencia de molestias al efectuar cualquier movimiento o ejercicio
por parte del jugador. Es muy frecuente la re-lesión.
Hay que asegurar una pauta de ejercicios concéntricos y
excéntricos diarios, y si bien hay una mejora clínica importante los primeros días, no tenemos que acelerar las fases ni la vuelta a la competición, ya que el músculo no estará preparado
para hacer actividades explosivas en plenas garantías hasta las 3
semanas. Y recordar que si la lesión es de grado II la vuelta a la
competición puede alargarse hasta las 6 semanas.
El trabajo osteopático de la correcta situación y movilidad
de todas les articulaciones del pie, el tobillo y la rodilla, así
como la valoración de un podólogo, pueden ayudar (tener en
cuenta los cambios en el calzado del deportista, los cambios de
superficie, etc.).
Protocolo 6. Lesión grado II del músculo gemelo
interno (tabla XIV)


Esta lesión consiste en la rotura parcial de la cabeza medial
del músculo gemelo interno en su unión muscultendinosa, y es
conocida popularmente como tennis leg. Hay que ser muy prudente con este tipo de lesión y será muy importante realizar un
seguimiento ecográfico periódico para controlar la reparación
con una cicatriz laminar o bien si se produce un hematoma miofacial (llamado también mioaponeurótico) entre el músculo gemelo interno y el músculo sóleo, ya que si aparece este hematoma
la evolución será más lenta y habrá que alargar los plazos de reincorporación a los entrenamientos no menos de 8 a 10 semanas.
Comentario
En este tipo de lesión aconsejamos, aparte del RICE, durante los primeros días un vendaje para evitar el posible hematoma que se produce entre el músculo gemelo interno y el
músculo sóleo51. La presencia de un hematoma interfacial contraindica la hipertermia. Si la evolución no es buena y persiste
un hematoma miofacial indicamos hacer un tratamiento basado en la punción-aspiración del hematoma, y en casos difíciles
puede estar indicada la punción y en el mismo acto introducir
plasma rico en plaquetas, tal como hemos comentado anteriormente.
Otro aspecto a tener en cuenta en este tipo de lesión es, al
realizar el estudio ecográfico, descartar la trombosis venosa profunda que a veces se asocia52.
Protocolo 7. Lesión grado II del séptum intermuscular
del músculo recto anterior (tabla XV)


Las lesiones del músculo recto anterior se clasifican en lesiones del séptum intramuscular, de la unión musculotendinosa directa y superficial y de la unión musculotendinosa profunda. La lesión del séptum es la típica lesión del jugador de fútbol
que padece durante el chut de la pelota, y tiene un alto riesgo
de cronificarse y de recidivar. El pronóstico de una lesión extensa del séptum no debería ser menor de 6 semanas.
Comentario
Las recomendaciones más importantes son:
• Control evolutivo de la lesión mediante el estudio ecográfico
periódico. Las lesiones más proximales y en relación al músculo sartorio son de peor pronóstico53.
• Vigilar el momento de inicio de los ejercicios excéntricos.
Mientras no tengamos una imagen de formación de tejido conectivo o fibroso no empezaremos la fase de refuerzo con ejercicios excéntricos. Éstos podrían provocar un "latigazo" sobre
la estructura muscular que envuelve el séptum y provocar una
fricción mecánica que no deja reparar el tejido muscular.
• Esta acción puede generar una cicatriz "blanda" que facilita
las recidivas.
• Igualmente hay que ser muy prudente a la hora de incorporar
el trabajo de campo, los ejercicios tipo saltos y los chuts repetitivos.
• Es muy útil controlar desde el comienzo la mecánica de chut
y los ejercicios de frenada en el campo.
• Como siempre, hay que hacer un trabajo complementario de
refuerzo y estabilización lumbopélvica y los músculos rotadores de la cadera.
MODELO SECUENCIAL DEL
TRATAMIENTO DE LAS LESIONES MUSCULARES (fig. 1)

Figura 1 Programa de recuperación.
En este apartado exponemos nuestro modelo secuencial del
tratamiento de las lesiones musculares. Este modelo es muy
importante para entender como se incorporan progresivamente
los diferentes profesionales dentro de la recuperación de cada
lesión muscular.
Es importante que la lesión muscular de un jugador sea
controlada y tratada por pocos profesionales, pero con equipos
profesionales, donde exista un equipo multidisciplinario con
especializaciones muy concretas, y, aún más, es preciso ser muy
rigurosos en la incorporación y la transferencia del jugador con
cada uno de los profesionales que intervienen.
Normalmente el médico de equipo tiene que ser el principal
gestor y coordinar los otros profesionales como los fisioterapeutas, los preparadores físicos y los readaptadores. Los readaptadores son profesionales muy característicos de los equipos de fútbol profesional que se han especializado en optimizar al máximo
la transferencia del jugador desde "la camilla al campo", para
que después los preparadores físicos puedan trabajar las capacidades condicionales y coordinativas en plenas garantías.
Inicialmente, el equipo multidisciplinario realiza de forma
consensuada un programa de recuperación teniendo en cuenta los protocolos básicos descritos anteriormente (fig. 1). Normalmente se proponen una serie de controles valorativos y una
fecha posible de alta médica y deportiva. (Anexamos un modelo de planificación al final de este documento.)
El protocolo siempre tiene que ser individualizado, y hay
que comprobar que los objetivos de cada fase han sido alcanzados. De esta manera la percepción del jugador es buena, ya que
hay una buena coordinación.
Entendemos que los conceptos de alta médica y deportiva
quedan claros, pero en la realidad se confunden. Normalmente, cuando damos el alta médica damos también el alta deportiva, ya que es el momento en que el jugador pasa a trabajar con
el grupo con absoluta normalidad. Se entrena entonces durante unos días y, si todo funciona bien, vuelve a ser apto para
jugar partidos.
CRITERIOS PARA
DAR EL ALTA DEPORTIVA
Cuando el jugador lesionado ha acabado el proceso de rehabilitación y readaptación, empezará a entrenarse con el equipo. Habrá que tomar una decisión sobre cuándo puede volver
a jugar con absolutas garantías de no volver a lesionarse. El
riesgo de padecer una re-lesión en el mismo sitio es muy alta en
las lesiones musculares, del 14 al 16% durante los siguientes
dos meses de dado de alta31.
La decisión normalmente se toma siguiendo criterios de
experiencia, tanto del jugador como del entrenador, del médico
y del fisioterapeuta, y con la realización de algún test de fuerza,
o bien de campo, y alguna prueba de imagen complementaria,
como una ecografía o una RM.
Tampoco hemos encontrado en la bibliografía revisada estudios que muestren una evidencia científica clara del hecho de
seguir determinadas estrategias.
Nosotros aconsejamos seguir, evidentemente, la experiencia
de todos, pero disponemos de unos criterios que pueden ser
muy útiles para tomar la decisión óptima. Los exponemos en
las tablas XVI y XVII, modificadas de Orchard31.


Respecto a la tabla XVII habría que puntualizar algunas
cosas: el criterio de imagen como marcador para dar el alta
deportiva hay que matizarlo y normalmente no es determinante. Muchas veces, y sobre todo en lesiones miofaciales, podemos dar el alta deportiva aunque persistan imágenes de hematomas interaponeuróticos.
En cambio sí son de gran importancia la fuerza y la flexibilidad. Cuando estas dos capacidades condicionales están igual
que antes de padecer la lesión podemos estar muy tranquilos.
Evidentemente, hay otros factores que no salen en las tablas
XVI y XVII y que normalmente hay que tener en cuenta. Son
factores muy difíciles de objetivar pero que aportan la experiencia de todos los profesionales que estamos alrededor del jugador. Los mencionamos para que cada uno reflexione y los valore ante cada situación en que se encuentre:
• Estado laboral contractual.
• Estado psicoemocional: ansiedad, hipermotivación, miedos.
• Situación de veterano o novato dentro del equipo.
• Deporte, y en este sentido intervienen varios factores, desde
las características del jugador, del propio juego, del gesto deportivo, del terreno de juego, etc.; así, por ejemplo, una lesión del músculo bíceps femoral de segundo grado puede
tener una vuelta a la competición que puede ir desde 3 semanas en un jugador de baloncesto hasta 6 semanas en un futbolista.
Y después, al final se tendrá que decidir cuándo es mejor
volver a jugar: ¿partido en casa o fuera? ¿Empieza a la primera
parte o a la segunda?, etc.
Como criterios objetivables finales para permitir la incorporación a la práctica deportiva, nosotros proponemos los siguientes puntos:
• Criterios clínicos: clínica y exploración física.
• Criterios por imagen: ecografía
• Criterios funcionales:
- Test de fuerza (estudio isocinético, muscle lab, etc.).
- Test físico general.
- Test físico específico.
Igualmente, nunca tendremos la certeza del 100% de que
un jugador no se puede volver a relesionar, y los riesgos hay que
ponderarlos según todas las circunstancias en las que nos encontramos.
Como siempre, en nuestro ámbito (deporte profesional) no
podemos ser conservadores pero sí prudentes, y cuanto más conocimiento y experiencia tengamos mejor tomaremos la decisión final.
ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN (fig. 2)

Figura 2
Modelo casual de prevención de Van
Mechelen54.
Estos últimos años se ha dado un paso cualitativo en el
campo de la prevención de las lesiones deportivas al incorporar
el método científico con objeto de evaluar si las diferentes estrategias que se realizan para disminuir la incidencia lesional
son efectivas o no. En este sentido, presentamos el esquema de
Van Mechelen que sintetiza este modelo54, el primero y más
sencillo, si bien los investigadores actuales en este ámbito tienen en cuenta muchos más factores que habrá que tener presente en un futuro55,56.
Y queda claro que lo primero que hay que hacer es un buen
estudio epidemiológico lesional para conocer cuál es la magnitud
real del problema. Después, una vez evaluados los factores de
riesgo más evidentes y teniendo en cuenta los mecanismos lesionales de cada lesión, hay que diseñar un protocolo de prevención
adecuado para cada tipo de lesión. Este protocolo debe tener
muy bien definidos los objetivos y cada uno de los ejercicios que
hay que hacer, el tiempo de duración, el número de repeticiones
por semana, etc. Un vez diseñado, hay que aplicarlo a una determinada población y comprobar si es lo bastante sensible y eficaz
para inducir cambios positivos en la incidencia lesional.
Hasta la actualidad, y si nos centramos en las lesiones musculares, hay muy pocos trabajos científicos que demuestren que
un determinado protocolo preventivo ha sido efectivo y que,
por tanto, ha ocasionado una disminución estadísticamente
significativa de las lesiones musculares.
Para poner un ejemplo, aún hoy en día no tenemos la evidencia científica para poder recomendar los ejercicios de estiramiento pasivo como método estándar preventivo de las lesiones
musculares.
En el caso concreto de la prevención de las lesiones de los
músculos isquiosurales, por ejemplo, hay muy poca investigación basada en la evidencia. Sólo algunos protocolos que combinan determinados tipos de ejercicios de estiramientos para
mejorar la flexibilidad y algunos protocolos con ejercicios de
tipo excéntrico han demostrado una clara disminución de la
incidencia de lesiones sobre los músculos isquiosurales.
Así pues, basándonos en los pocos estudios publicados
hasta ahora, y más teniendo en cuenta nuestra experiencia,
proponemos un protocolo para la prevención de las lesiones
musculares más frecuentes en el fútbol, si bien hemos podido
adaptarlo a otros deportes, como el baloncesto, con buenas expectativas por el momento.
No entraremos a hablar de medidas de tipo general, como
son los aspectos higiénico-dietéticos, el tipo de calentamiento,
etc., que consideramos básicos e imprescindibles y que entendemos que se realizan correctamente.
El protocolo que proponemos (fig. 3) se basa en el que
conocemos como programa "F-MARC 11", creado por el centro médico de evaluación e investigación de la FIFA (F-MARC)
en cooperación con un grupo de expertos internacionales3. En
estos momentos se están llevando a cabo varios estudios longitudinales prospectivos en diferentes deportes para comprobar
su efectividad57. Por ejemplo, Arnason58 publicó en 2008 los
resultados de un estudio que, utilizando parte de este programa, encuentra una menor incidencia de lesiones de los músculos isquiotibiales en futbolistas profesionales. Es un programa
preventivo sencillo, atractivo, muy eficaz y que no requiere
ningún equipo en especial, sino tan sólo una pelota, y puede
hacerse en 15 min. Los objetivos principales de este programa
de ejercicios son, básicamente, la estabilización lumbopelviana,
el control neuromuscular, la pliometría y la agilidad.

Figura 3 Póster del programa F-MARC de la FIFA.
Este programa hay que realizarlo en cada sesión de entrenamiento, después del calentamiento y de los estiramientos de los
principales grupos musculares. Es muy importante que los ejercicios se realicen tal como están diseñados. Los describimos a
continuación:
Primer ejercicio: aguantarse sobre el antebrazo
(fig. 4)

Figura 4 Aguantarse sobre el antebrazo.
Postura inicial: Nos mantenemos en posición ventral y
con la parte superior del cuerpo con los brazos en ángulo recto.
Hay que colocar los pies de forma vertical en el suelo, tal como
indica la figura 4.
Acción: Levantamos el abdomen, las caderas y las rodillas
de forma que todo el cuerpo forme una línea recta, desde los hombros hasta los talones. Los codos tienen que estar en posición vertical, por debajo de los hombros. Contraemos los músculos abdominales y los glúteos. Presionamos los omoplatos
hacia dentro. Levantamos la pierna derecha unos centímetros
del suelo y mantenemos la posición unos 15 s. Volvemos a la
posición inicial, nos relajamos y repetimos el ejercicio con la
otra pierna. Repetimos el ejercicio 3 veces.
Segundo ejercicio: aguantarse sobre el antebrazo
en posición lateral (fig. 5)

Figura 5
Aguantarse sobre el antebrazo en posición
lateral.
Postura inicial: Nos ponemos de lado, mantenemos el
tronco con un brazo de manera que el codo se encuentre en
posición vertical a la misma altura que el hombro y el antebrazo en contacto con el suelo. Flexionamos la rodilla que está
debajo unos 90°.
Acción: Levantamos la pierna de encima y las caderas hasta
que estemos a la misma altura de los hombros, formando una
línea recta y paralela al suelo. Mantenemos la posición durante 15 s. Volvemos a la posición inicial, nos relajamos y repetimos
el ejercicio 3 veces.
Tercer ejercicio: músculos isquiosurales (fig. 6)

Figura 6
Músculos isquiosurales.
Posición inicial: Nos ponemos de rodillas en el suelo manteniendo todo el cuerpo recto. El espacio entre las rodillas tiene
que ser el mismo que la anchura de las caderas. Cruzamos los
brazos delante del pecho. Un compañero tendrá que coger fuerte los tobillos por detrás contra el suelo con las dos manos.
Acción: Nos inclinamos ligeramente hacia delante con el
tronco recto y las caderas en posición vertical. Las piernas, las
caderas y el tronco forman un solo bloque. Mantenemos esta
posición recta del cuerpo tanto tiempo como podamos mientra
nos dejan caer hacia delante hasta que nos paramos con las
manos. Repetimos el ejercicio 5 veces.
Cuarto ejercicio: esquí de fondo (fig. 7)

Figura 7
Esquí de fondo.
Posición inicial: Nos mantenemos de pie con una sola
pierna, la derecha, y relajamos la otra sin apoyarla en el suelo.
Flexionamos la rodilla y las caderas ligeramente de forma que
el tronco se incline hacia delante. Si lo miramos de frente, la
cadera, la rodilla y el pie de la pierna apoyada tienen que estar
en línea recta.
Acción: Efectuamos genuflexiones con la pierna apoyada,
balanceando al mismo tiempo los brazos de forma alternada.
Flexionamos la rodilla al máximo. Hay que distribuir el peso en
toda la planta del pie. Mientras la pierna está en extensión no
tenemos que mantener la rodilla rígida. La pelvis y el tronco
tendrán que estar en equilibrio y ligeramente inclinados hacia
delante. Lo repetimos 15 veces.
Quinto ejercicio: apoyo sobre una pierna
con lanzamiento (fig. 8)

Figura 8
Apoyo sobre una pierna con lanzamiento.
Posición inicial: Nos situamos cara a cara con un compañero a una distancia de 3 m
aproximadamente, ambos apoyados sobre la pierna derecha. Las rodillas y las caderas estarán
ligeramente flexionadas. Mantenemos el peso del cuerpo sobre
el centro del pie. Si lo miramos de frente, la cadera, la rodilla y
el pie de la pierna apoyada tienen que formar una línea recta.
Acción: Lanzamos la pelota hacia delante y hacia atrás. Si
estamos apoyados sobre la pierna derecha, lanzamos la pelota
con el brazo izquierdo, y a la inversa. Atrapamos la pelota con
las dos manos y la devolvemos con una sola. Cuanto más rápido pasamos la pelota más efectivo será el ejercicio. Lo repetimos 10 veces con cada pierna.
Sexto ejercicio: apoyo en una pierna y flexión
del tronco (fig. 9)

Figura 9
Apoyo en una pierna y flexión del tronco.
Posición inicial: Igual que en el ejercicio 5, nos ponemos
cara a cara con un compañero a 3 m de distancia, ambos sobre
la pierna derecha.
Acción: Igual que en el ejercicio 5, lanzamos la pelota hacia
delante y hacia atrás, pero antes de devolverla tocamos el suelo
con la pelota sin hacer fuerza. Lo repetimos 10 veces con cada
pierna.
Séptimo ejercicio: apoyo en una pierna haciendo
"ochos" (fig. 10)

Figura 10
Apoyo en una pierna haciendo "ochos".
Posición inicial: Igual que en el ejercicio 5, nos ponemos
cara a cara con un compañero a 3 m de distancia, ambos sobre
la pierna derecha.
Acción: Igual que en el ejercicio 5, lanzamos la pelota hacia
delante y hacia atrás, pero antes de volverla a pasar hacemos
"ochos" entre las piernas, primero alrededor de la pierna apoyada, inclinando el tronco hacia delante, y después alrededor
de la pierna de impulsión, manteniéndonos lo más rígidos posible. Lo repetimos 10 veces con cada pierna.
Octavo ejercicio: salto con las dos piernas (fig. 11)

Figura 11
Salto con las dos piernas.
Posición inicial: Nos paramos, teniendo en cuenta que la
separación entre las rodillas y la parte inferior de las piernas
tiene que ser la misma que la amplitud de las caderas, a aproximadamente 20 cm al lado de una línea. Flexionamos ligeramente las rodillas y las caderas de forma que el tronco se incline un poco hacia delante. Si se observa desde el frente, la
cadera, la rodilla y el pie de la pierna de apoyo tienen que formar una línea recta. Los brazos tienen que estar ligeramente
flexionados y cerca del cuerpo.
Acción: Saltamos con las dos piernas juntas, lateralmente,
por encima de la línea y volvemos al sitio de origen tan rígidos
como nos sea posible. Aterrizamos suavemente sobre las puntas
de los dedos de los pies con las rodillas ligeramente flexionadas.
Lo repetimos 10 veces.
Noveno ejercicio: salto en zigzag (fig. 12)

Figura 12
Salto en zig-zag.
Posición inicial: Nos mantenemos de pie al principio del
trayecto en zigzag (6 marcas a una distancia de 10 × 20 m),
con las piernas separadas a la misma distancia de la amplitud
de las caderas. Flexionamos las rodillas y las caderas de forma
que el tronco esté inclinado hacia delante durante el ejercicio.
Un hombro tiene que estar en la misma dirección del movimiento.
Acción: Zigzagueamos de lado hasta la próxima marca, giramos de manera que el hombro esté en la dirección de la marca siguiente y complementamos el trayecto en zigzag con la mayor celeridad posible. Saltamos y aterrizamos siempre sobre
los dedos del pie. Repetimos 2 veces todo el trayecto.
Décimo ejercicio: saltos largos y altos (fig. 13)

Figura 13
Saltos largos y altos.
Posición inicial: Nos mantenemos de pie sobre la pierna
de impulso con el tronco rígido. El brazo del mismo lado de la
pierna de impulsión tiene que estar delante del cuerpo. Si se
observa de frente, la cadera, la rodilla y el pie de la pierna de
apoyo tienen que formar una línea recta.
Acción: Saltamos tan arriba como sea posible con la pierna de impulso y levantamos también al máximo la rodilla de
la pierna posterior, flexionando a la vez el brazo contrario y
pasando delante del cuerpo. Con la rodilla ligeramente
flexionada, aterrizamos suavemente sobre la parte anterior
del pie. Recorremos dos veces este trayecto de aproximadamente 30 m.
Al final de cada cita aparece una letra mayúscula (A, B, C, D) que
indica el nivel de recomendación en función del nivel de evidencia científica. Los criterios se establecen en la tabla XVIII.



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